«Acunada por la bruma, en el punto exacto de la encrucijada de infinitos caminos, se alza la Biblioteca de los Perdidos».
Himno
de los
Perdidos
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17 de diciembre de 2025

Farolas

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Siempre me han gustado las farolas. Me han hipnotizado y acogido en incontables noches sin fuego. Y es que, con los años, he aprendido a temer a aquel cielo ciego, carente de luceros, de temores y de colores con los que cubrirme.

Hoy avanzo con paso decidido, pues sé que, a mi espalda, la inmensidad se alza imperturbable. Atrás quedan las farolas que iluminaron mis pasos. Las hubo de luz anaranjada y cálida, que hacían del suelo un lago de miel; otras proyectaban un halo frío y plateado, delineando sombras nítidas. Algunas refulgieron, arrogantes, pretendiendo herir la negrura; otras me ofrecieron el cobijo tibio de su ternura, alejándome de la locura. Ya no brillan. Y en mi cobardía, nunca osé echar los ojos atrás para verlas consumirse. Añoro su luz, pero no quise despedirme.

Hoy avanzo y, en la penumbra, el recuerdo de aquellas luces se desdibuja. Más mis pasos, eco testarudo, aún resuenan lo profundo de ese infinito silencio. Y sigo, porque aún late en mí la certeza de que, tras aquella esquina, otro haz de luz me cegará.

Yo aún avanzo decidido. Y ya no añoro el alba que vendrá. Pues, no sé a dónde lleva mi camino, pero sé que una farola lo iluminará.

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