«Acunada por la bruma, en el punto exacto de la encrucijada de infinitos caminos, se alza la Biblioteca de los Perdidos».
Himno
de los
Perdidos
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7 de noviembre de 2026

Ojos de Piedra y Agua

Custodio:

«Así dejó escrito en piedra el osado príncipe celta en las cuevas de Ojo Guareña»

Por ti mi bella y dulce Tautia, por ti me adentro en las profundas e inmensas cavidades del Ojo Guareña, buscando la sabiduría que te libre al fin de esa mezquina enfermedad que te asola y que ha transfigurado la alegría de nuestro hogar en la mayor de las penas. No puedo aceptar no volver a ver el atardecer caer sobre los hermosos campos a tu lado.

Aquel anciano… Ahora, mientras camino por estas tortuosas y lúgubres cavernas invadidas por la oscuridad, pienso en aquel anciano. ¿Recuerdas, mi bella Tautia? ¿Aquel aciago día de tormenta cuando parecía que las candentes fiebres desharían tú cuerpo sobre nuestro lecho? Tres golpes. Crujió el roble cuando tres golpes secos nos sobresaltaron aquella tarde…

Pienso en el anciano. Un hombre sabio y bondadoso, sin duda. Calmó tus fiebres con sus hierbas sanadoras. Pero no halló el modo de desterrar la enfermedad de tu agitado cuerpo mi dulce Tautia… «Solo un poder de otro mundo podrá devolverte a tú mujer. Ve sin demora y adéntrate en el Ojo Guareña; se dice que quién sumerja su rostro en las milagrosas aguas de sus profundidades podrá ver el futuro y cambiar el destino a su antojo» aseveró aquel anciano.

Oh, rezo. Rezo para evitar que mi corazón no huya despavorido de mi cuerpo Tautia… He andado por muchos días, no sé ya si semanas, por estas galerías infinitas que confunden mi razón y mis sentidos. Rezo y los oigo. Oigo como confabulan contra mí los demonios que viven en estas cuevas, como osan regocijarse con nuestra desgracia… Más no los veo, no veo más allá, todavía no. La luz de mi antorcha, la última, que pronto se extinguirá, apenas se atreve a iluminar este horrendo pasaje a los infiernos…

Cualquier cosa haría por tí. Daría mi vida por la tuya sin dudarlo si así recuperaras la salud. ¡Maldito sea el destino! ¡Malditos esos duendes, esos seres malvados que roban mi alimento cuando duermo y mis esperanzas en la vigilia! Creí ver a uno en una galería perdida pero, cuando fui a darle muerte, mi falcata se rompió contra la fría piedra… Mi destino está unido al tuyo, amada mía. En mi desesperación no deseo otro milagro dar mi vida por la tuya… Ojalá fuera tan fácil y todo llegase a su fin.

Siento frío. El fuego que me guiaba se ha extinguido y moro por estas galerías imposibles sin rumbo, palpando las toscas paredes para no extraviarme de forma irremediable… ¡Malditas sean las promesas y los milagros! Pienso en el anciano y lágrimas de desesperanza y luna brotan de mis ojos cansados de ser estériles ante esta oscuridad sin fin… La humedad y el frío destemplan mi cuerpo ajado y tu recuerdo desmadeja mi mente que ya no cree en nada más que en el engaño de aquel vil anciano. Solo deseo verte. Una última vez…

¡Al fin! ¡La he hallado! ¡El agua divina de Ojo Guareña! Cuando ya todo parecía perdido, se reveló ante mí una gran gruta, donde la piedra llora esa prodigiosa esencia divina en una hermosa pila ceremonial, la cual brilla con luz propia desafiando a la penumbra que invade el resto de la cavidad… ¿De qué otra forma podría describírtela, mi pobre Tautia? Es imposible encontrar palabras que sean dignas de este lugar. Me he aproximado sin dudarlo un instante a la pila ceremonial y he sumergido el rostro en las aguas con los ojos abiertos como dijo el anciano.

¡Oh, Tautia! ¡Todo era cierto! Ahora puedo ver más allá. He encontrado una cura. En el futuro, donde la humanidad ha desafiado y vencido a lo divino, donde sus ingenios pueblan el mundo y la sabiduría no conoce límites, allí es dónde he hallado tú salvación. Más no puede ser aquí, en esta gruta, donde fabrique tu medicina. Necesito volver a tu lado sin demora y poner en práctica este nuevo conocimiento que me ha sido otorgado… Aguanta Tautia, solo un poco más.

No sé o no puedo. O quizá no recuerdo… ¿Cómo llegué a este lugar? He explorado cada uno de los recodos de la gruta, he palpado sus paredes lacrimosas sin hallar salida alguna… Oh, Tautia, mi bella y dulce Tautia… No hay salida. ¿De qué sirve este don? ¿Estos ojos que ahora todo lo ven si mi corazón no está junto al tuyo? Temo que encuentre aquí mi final. Pero temo aún más que te vayas de esta vida pensando que te he abandonado…

He vuelto a la pila sagrada. Ella me mostrará lo que debo hacer. He sumergido de nuevo mi rostro, pero lejos que encontrar la respuesta a mis ruegos, las aguas me han mostrado una imagen atroz: te veo, Tautia, veo que mañana al alba no despertarás nunca más. He de cambiar tu fatal destino. Busco desesperado en el futuro que las aguas me revelan y me estremezco. No por lo que las aguas revelan, si no por lo que ocultan. No veo ningún futuro en el que consiga salir de las cuevas del Ojo Guareña. El conocimiento acarreaba un precio fatal, una broma macabra: no hay salida alguna de esta gruta. Envejeceré aquí. Moriré aquí.

Nos vemos en los hermosos campos, Tautia. Tras el atardecer.

«Cientos de años más tarde, se encontró un esqueleto en la zona conocida como la Vía Seca, junto con marcas de intentos de gateo y una pequeña represa que el desdichado joven construyó para intentar sobrevivir…»

¿Algo que decir, Viajero?

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